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Si una mujer denuncia un abuso sexual tendría que ser atendida de inmediato en cualquier entidad del Estado que pueda recibir su denuncia. Sin esperas, sin excusas, sin agresión.

Hay momentos y hechos que cambian la vida. Uno de los libros que más me han impactado no lo leí por elección propia y lo leí en voz alta. Era una biografía de Galileo Galilei y yo tenía unos 16 años cuando llegó a mis manos solicitado por una persona, cuyo nombre no he podido recordar a pesar de los esfuerzos que hago con alguna frecuencia para traerlo a mi frágil memoria.

Un minuto para aplaudir a las deportistas de la Selección Colombia por su desempeño sobresaliente en el Mundial Sub 17. Han batallado dentro y fuera de la cancha. Brillan sin haber tenido el apoyo de una dirigencia machista que ahora sale en la foto de los triunfos, sin haber cumplido su papel con ellas.

Que se califique de brujería un ritual de una creencia distinta a la propia no es nuevo. Lo raro es que sobreviva esa discriminación en pleno siglo XXI. Porque no estamos en la edad media cuando quemaban mujeres en la hoguera al grito de ¡Bruja, bruja! Se supone que la ilustración, el pensamiento científico, las declaraciones de derechos humanos, la libertad de cultos, la democracia, nos tendrían que haber ubicado en otro momento de la sociedad para saber que distinto no es sinónimo de malo o demoníaco.

Pregúntese por un momento cuántos cables de cargar aparatos electrónicos tiene en sus cajones, bolsos, maletas o rincones. ¿Cuántos usa y cuántos no? ¿Cuántos ha desechado o ha perdido? Parece un tema menor y no lo es porque la basura electrónica es una de las más contaminantes y son toneladas las que producimos diariamente.

Un inmenso trabajo de cultura ciudadana, de reconciliación y construcción de sociedad tenemos por delante si queremos en algún momento encontrar una salida al laberinto en que vivimos. En cada vuelta del camino asoman el racismo y el clasismo que llevan siglos convertidos en dos grandes enemigos que nos acechan a todos. Enemigos que alimentan la guerra, que justifican violencias, que entorpecen avances sociales, que impiden mirarnos como iguales aunque la ley nos declare iguales.

Ella es parte de nuestra historia. Es parte de mi historia. Ha estado ahí desde que tengo memoria con su ritmo ancestral, con esa voz imposible de describir y que se tiene que escuchar y sentir. Esa voz hecha de mar y playa, de río y sol.

En un costado de la Puerta de Brandeburgo en Berlín hay un lugar para el silencio. Cuando se ingresa la sensación es la de haber atravesado a otra dimensión. Afuera cientos de turistas se toman fotografías en uno de los lugares emblemáticos de la capital alemana.

¿Y si un día una madre se levanta y descubre que su hijo o su hija desapareció sin dejar rastro? ¿Habrá alguna tragedia mayor? ¿Cuánto tiempo dedicará a la búsqueda? Ni siquiera la muerte es tan cruel como la desaparición.

La globalización que ha permitido tener todo lo que pasa en el planeta a un clic de distancia es también una oportunidad para conocer otras realidades y salirnos de esa suerte de colonialismo cultural en el que hemos vivido por décadas.

Me quedan sonando las palabras del ministro de Defensa Diego Molano cuando dice que los menores de edad reclutados son convertidos en "máquinas de guerra". No me queda claro en qué momento menores de edad que son víctimas de reclutamiento pierden esa condición de víctimas y se convierten en "máquinas" que se pueden bombardear...

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