La mirada
cómplice

Hay una mujer tirada en el piso de un ascensor mientras es golpeada por un hombre. Mucho se ha dicho del agresor, el periodista Juan Fernando Barona. Poco se ha dicho sobre el hombre que observa y sostiene la puerta. El hombre mira, es cómplice, no interviene, no protege a la mujer, no contiene al agresor. En otro video se lo ve ayudando a arrastrar a la mujer agredida. Quiero detenerme en la imagen de este hombre mientras sostiene la puerta del ascensor sin evitar la agresión. Ese gesto resume en una imagen la actitud de buena parte de la sociedad que mira sin inmutarse la violencia de género. Al final esa parte de la sociedad termina siendo cómplice de los agresores.

Cuando se mira para otro lado, cuando no se sanciona la agresión, hay complicidad. Por eso, frente a la violencia de género, es muy importante y valiosa la sanción social además de lo que haga la justicia desde el ámbito penal. Los colegas de Noticias 1 decidieron desvincular al periodista de manera inmediata, llamaron a que tuviera un debido proceso en lo penal, como corresponde, pero hicieron lo que debían hacer. El mensaje es claro: cero tolerancia a la violencia de género.

También tomó una decisión adecuada la presidencia de la República al retirar de la gira al periodista. Debemos acostumbrarnos a que la sociedad y los ciudadanos rechacemos la violencia con decisiones contundentes. Que los agresores no se sientan cómodos, que no se justifique la violencia contra ninguna mujer. En la investigación penal el periodista podrá defenderse, presentar sus pruebas y un juez decidirá. En lo social la sanción debe ser clara. Nada de lo que haya pasado antes de las imágenes justifica esa agresión a una mujer por parte de dos hombres. Uno golpea, el otro observa y ayuda.

En el pronunciamiento que hizo Danielle Silveira, la mujer agredida, dijo con razón que “la violencia intrafamiliar debe debatirse y combatirse desde el ámbito público” . El periodista había dicho en su cuenta de Twitter: “Jamás quise hacer público un doloroso caso privado, que es íntimo, para preservar los derechos de la otra persona involucrada, y los míos”. Publica también una fotografía suya con algunos rasguños y un reporte de Medicina Legal. La justicia evaluará esas pruebas. Lo cierto es que la violencia de género no es un asunto íntimo y privado. Esa violencia ha crecido y se ha desbordado precisamente porque siempre se creyó que era un asunto de pareja, nadie quería meterse en los asuntos entre un hombre y “su mujer”. Es esa mirada distante, complaciente y cómplice la que toca combatir y cambiar. Debemos entender que la violencia contra las mujeres es asunto que compete a la sociedad.

Por eso la actitud del  hombre parado en la puerta del ascensor es tan elocuente. Representa lo que ha hecho la sociedad históricamente frente a la violencia de género. Es lo que ha permitido a muchos hombres sentirse con el derecho a agredir, golpear y, muchas veces, asesinar con total impunidad a las mujeres. Creen que hay justificación para ello. No la hay. No solamente se debe castigar lo que hizo el periodista, se trata de combatir también lo que hizo, y lo que no hizo para parar la agresión, ese amigo. La justicia dirá si le cabe sanción penal por complicidad, la sociedad lo debe sancionar ya. Y la sociedad somos usted y yo. La sociedad es el vecino que escucha los gritos de una mujer agredida, es cada institución pública o privada. La sociedad es la justicia, las iglesias, los medios de comunicación, los influencers. Que nadie se quede mirando en la puerta de un ascensor mientras golpean a una mujer.

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