¿Cuántos cables tiene en el cajón?

¿Cuántos cables tiene en el cajón?

Pregúntese por un momento cuántos cables de cargar aparatos electrónicos tiene en sus cajones, bolsos, maletas o rincones. ¿Cuántos usa y cuántos no? ¿Cuántos ha desechado o ha perdido? Parece un tema menor y no lo es porque la basura electrónica es una de las más contaminantes y son toneladas las que producimos diariamente. Por eso es tan importante la noticia que llegó esta semana desde Europa y que debemos celebrar.

El parlamento europeo aprobó una norma que ordena a los productores de tecnología  usar un cable universal para teléfonos, tabletas y cámaras a partir del año 2024. Una decisión de fondo que ahorrará al planeta millones de toneladas de basura. También se habla de un ahorro de 250 millones de euros cada año.

Los cables constituyen apenas uno de los elementos que hacen parte de la basura electrónica en donde están todos los aparatos que desechamos de manera constante porque lo de hoy es cambiar y cambiar: celulares, computadores, cámaras, televisores y una larga lista de equipos inteligentes, o no tanto, que van y vienen de hogares y empresas. La llamada obsolescencia programada significa que desde su fabricación está decidido que los aparatos duren poco para que deban ser cambiados. Además, la tecnología se actualiza, la moda cambia y todo invita a renovar porque de eso se trata la era del consumismo que vivimos. La consecuencia: un mar de basura que contamina y que crece a un ritmo insostenible.

Como pasa con tantos problemas que afectan al planeta, con la basura electrónica también quienes más la producen no son los que más padecen sus consecuencias. Los países ricos suelen exportar su basura a países pobres con todo el impacto que eso implica. Mucha de esa basura tiene elementos que se pueden reciclar y en algunos lugares se hacen esfuerzos por recuperar algunas de las piezas o materiales. Sin embargo, también hay elementos contaminantes que terminarán en suelos y aguas. En algunos estudios se reportan hasta 69 químicos detectados en la basura electrónica. Muchos de ellos son materiales que pueden ser tóxicos como plomo, mercurio, cadmio o arsénico.

No sobra preguntarnos, cuando vamos a cambiar el celular, el computador o cualquier aparato electrónico, cuál será el destino de ese que desechamos. Como pasa con todas las basuras, lo sencillo es sacarlas de la casa y no pensar qué pasa con ellas. Comenzar a ser conscientes del destino de nuestros desechos y del impacto que tienen en la naturaleza y en los seres humanos, nos puede ayudar a reducirlos.

Bien por Europa que toma la delantera en esta decisión frente a los cables. Que por lo menos nos sirva el mismo cable para todo y que podamos liberarnos de ese nido de serpientes que es el cajón de los cargadores. Todos esos que tenemos y que usamos o no usamos ya son un problema. Que no vengan muchos más es un pequeño paso adelante. Por ahora en Europa, pero eso, sin duda, le da un empujón a la industria para comenzar a pensar en que esa medida se haga universal. De pronto escribo con el deseo, pero también es hora de ir pensando en estas normas por estos lados del planeta.

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