No quiero lucir más joven

No quiero lucir
más joven

Tengo 58 años y no quiero lucir más joven. Quiero verme bien, claro, pero para mí eso no es sinónimo de verme más joven. Sin embargo, cada vez que entro a internet el algoritmo que pretende conocerme me dice que debo comprar esta ropa, tinturar mis canas con aquel producto, bajar de peso con esta fórmula o usar trucos de maquillaje y todo con el mismo objetivo: lucir más joven.

Hace mucho tiempo entendí que la juventud no es una virtud, es un momento de la vida que, como todos, tiene ventajas y desventajas, como la vejez. Por eso digo con frecuencia que ir envejeciendo es tener la certeza de haber vivido porque quien hoy tiene 20 no sabe si llegará a 30. Por eso hay que celebrar lo vivido y alcanzado. Cada año nos enseña algo, nos abre puertas, nos pone retos. Mientras más años vividos, más recuerdos, más historias, más preguntas también y menos certezas, salvo una que me gusta: nada es tan importante. Es algo que se entiende con el paso de los años: no todo aquello que nos estresa y nos desvela merece tanta atención. Lo verdaderamente importante es poco y para mí tiene que ver con la vida, la salud, los afectos y las pasiones que nos mueven. Los cánones de apariencia, entonces, no me resultan ahora tan importantes.

Llama la atención que en esos algoritmos que se meten en lo que vemos, lo que leemos y compartimos y hasta en lo que hablamos, intentan reafirmar el estereotipo de un mundo que desprecia la madurez y la vejez. Por eso nos invitan a los viejos y sobre todo a las mujeres a ocultarnos detrás de máscaras y disfraces. No quiero hacerlo y respeto a quienes lo hacen porque se trata de vivir la vida como a cada quien le provoque. No debe haber fórmulas para todos porque de eso se trata: entender la diferencia y saber que ser distintos no nos agrede, nos suma. Ser distintos hace la vida más interesante, por eso valoro esos años que me han permitido ir encontrando mi voz, mi verdadera imagen y que me vienen reconciliando poco a poco con lo que soy sin pensar en los demás. Quiero estar bien y sentirme bien por mí. Ventaja de la vejez: cada vez importan menos las convenciones, lo que digan o piensen los otros y cada vez es más sencillo decir: no quiero, no me provoca, ¡No me da la gana!

Entonces: no quiero lucir más joven. Ojalá el algoritmo lea el artículo y lo incorpore a su matriz para que la publicidad no me ofrezca más milagros de la eterna juventud. Una y otra vez: reivindico mis canas, mis arrugas y todo lo que ha venido llegando con el paquete de los años. Cada señal del paso del tiempo es una huella de algo que aprendimos, gozamos, sufrimos. Hay cosas muy aburridas en la menopausia, ¡por supuesto! Mejor no tener calores ni resequedad, mejor dormir bien, pero también me gusta tener mi tiempo, respirar a mi aire y seguir entendiendo poco a poco lo que vale la pena y aprender a valorar cada minuto. Cuando la muerte deja de ser una opción lejana y se ve cada vez más cerca en el horizonte, es bueno aprender a beber lo bueno del tiempo que no nos queda.

Y si en algún momento me provoca vestirme de otra manera, pintarme el pelo de verde, raparlo o dejarlo largo, volver a usar tacones, lo haré sin que me importe lo que digan las miradas que censuran, los que comentan en redes o los algoritmos que se creen dueños de nuestro gustos y deseos. En este momento no quiero lucir más joven. Celebro cada día vivido y me gusta que se note.

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