Y el cachorro llegó a casa

Por Henry Salazar
Adiestrador Canino – UBA


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La idea de traer un cachorro a casa exige algunas consideraciones. No vienen preparados para la convivencia con otras especies, por ejemplo los seres humanos. Por eso van a demandar mucha atención y compromiso. Si tenemos en cuenta algunos aspectos fundamentales, la vida junto a ellos puede ser muy armoniosa y divertida.

Vamos a partir del momento en el cual la decisión de llevar a casa una mascota fue analizada a conciencia en el grupo familiar y se acordó que un nuevo miembro de otra especie hará parte del clan.

Será un bicho de cuatro patas cuya edad no superará los tres meses de vida, que no entiende por qué lo alejan de su familia, lo transportan en un vehículo que jamás había visto, rodeado de seres ajenos que lo llevan a un lugar extraño en donde no reconoce casi nada, tal vez sólo el alimento y el agua, si el temor no lo supera.

Su ventaja es la rapidez en la respuesta adaptativa que puede expresar a esa edad. No obstante, es un período de su vida en el cual toda experiencia que enfrente dejará una huella que definirá su temperamento en el futuro.

Es una situación sensible para un perro cuando llega a tan corta edad a su nuevo hogar. Tampoco es muy diferente cuando son animales mayores puesto que su entorno cambia en forma drástica sin derecho a réplica. No tienen alternativa aparte de responder a su entorno desde lo que su genética les indica.

En ese momento es necesario contar con un plan que será útil tanto para la mascota como para quienes conforman el grupo familiar. Para ello es imperativo conocer un poco acerca de sus necesidades particulares puesto que se trata de un ser vivo de otra especie.

Las necesidades de un perro son básicas: alimento, agua, un sitio para descansar, actividad física, atención médica veterinaria, un lugar para “ir al baño”, interacción con otros animales de diferentes especies, un espacio de juego y la posibilidad de desarrollar su potencial de aprendizaje. No difieren esencialmente a las necesidades de un gato, a excepción de la facilidad con la cual éste resuelve la “ida al baño”. 

El alimento sugerido siempre será la mejor opción que usted pueda pagar. Hay una amplia oferta en el mercado. Busque asesoría al respecto y tenga presente que en los primeros meses de vida la alimentación es fundamental para el buen desarrollo físico y mental del cachorro.  Debe disponer de agua en forma permanente para su libre consumo, especialmente cuando se alimenta con productos secos.

El veterinario estará atento para seguir el plan de vacunación con detalle y probablemente le prohibirá al cachorro salir a la calle mientras se cumple. Es un buen consejo pero también es el tiempo que se puede aprovechar para dar los primeros pasos en la formación. Aun cuando no pueda salir, puede disfrutar de un espacio enriquecido en el cual puede comenzar a explorar, haciendo uso de sus sentidos para descubrir el mundo que le rodea.

Es una buena etapa para presentarle animales de otras especies, personas que no conviven en ese lugar, niños, objetos que se mueven como bicicletas, patinetas, paraguas, bolsas de compra, etc. La idea es que desde ese momento pueda ver todo lo que encontrará luego en sus paseos cotidianos.

Es posible que el cachorro pueda salir teniendo el cuidado de no establecer contacto con animales adultos, ni con espacios donde pueda haber riesgo de enfermedad como parques en los cuales haya presencia constante de otros animales. Pero si lo llevamos aupado, como se hace con los bebés humanos, tiene la posibilidad de observar una mayor variedad de estímulos sensoriales que le serán familiares posteriormente.

Es imprescindible darle la posibilidad de jugar libremente. A través del juego, el cachorro aprende a relacionarse, a interactuar con otros, a descubrir y controlar sus instintos naturales y, lo más importante, aprende reglas.

El juego se rige por normas que se deben respetar y esto le enseña a controlar sus respuestas a los diferentes incentivos que llaman su atención.

Por último, aprender a “ir al baño” es una tarea que requiere de paciencia por parte de los dueños. Se logra pronto si se crea el hábito a tiempo.

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